Durante la segunda mitad del siglo xix, la degeneración se define como un tránsito del hombre, la mujer y el niño hacia lo in-humano. Delincuentes, criminales natos, sádicos, tatuados, masoquistas, fetichistas, invertidos, homosexuales, simuladores, mendigos, locos, alienados, idiotas, imbéciles, inmorales, empollerados, alcoholistas, sifilíticos, pederastas pasivos, tuberculosos, masturbadores, uranistas, neuróticos, morfinistas, invertidos, fumadores de opio y de incienso, tatuados, alcanforistas, andróginos, asesinos seriales, jugadores compulsivos, cazafortunas y suicidas.

¿Qué es la degeneración y quién el degenerado? ¿Ha sido este modelo siempre el mismo? ¿Cuándo comenzamos a usar este concepto? ¿Quién lo acuña y con qué fin? ¿Es una cuestión original? Y si no lo fuera, ¿le agregamos en esta parte del mundo ciertas características particulares conformando una familia degenerativa argentina?

Gabo Ferro parte de estas preguntas para desarrollar el problema de la degeneración y sus actores mostrando su origen en el campo científico europeo, su llegada y apropiación por la academia argentina, su persistencia, modificación y su posterior desplazamiento al discurso de la ciudadanía no iniciada en las cuestiones científicas que le dieron origen. Este recorrido es revisado en tres escenarios muy significativos: la universidad y la academia médica; la educación formal primaria y el cine.

Ferro describe cómo el dispositivo teórico-médico organizado alrededor de este concepto ha tenido un papel importante en el proyecto de organización y consolidación del Estado argentino. Considerada como una realidad socio-biológica, la degeneración resultará entonces el efecto colateral más costoso que deberá asumir una sociedad por ser civilizada.

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