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GABO FERRO, ENTRE LA MUSICA Y LA INVESTIGACION HISTORICA

“La historia reciente nos da razones para discutir a Rosas”

Profesor de Historia, master en Investigación, Ferro reflexiona sobre “La Sangre y el Monstruo” en la historia argentina. “El psicoanálisis y la psiquiatría descubren que todos tenemos un monstruo adentro, de ahí Dr. Jekyll & Mr. Hyde.”

El conquistador llevaba varios días en las Indias, blandiendo su Cruz y su Espada contra el bárbaro de las pampas húmedas de sangre. Envestido de impronta civilizatoria por señores al otro lado del Pacífico, dispuso sobre cuerpos, sangres y culturas indígenas. Quiso sexo y lo consiguió de la misma forma que a todo lo demás: violando. La india parió una mestiza, que creció con ojos claros y piel morena. Enamoró a un indio sin claridades, moreno en su completitud. Tuvieron un coyote. La india, ya abuela, se enamoró de un negro, tan propiedad del conquistador como ella misma. De esa pasión desmedida en tierras tropicales nació un lobo. Monstruosas son las clasificaciones de castas que propone José Lebrón y Cuervo. Los monstruos de la historia contemporánea, argentina y mundial, deben ser revisitados en días en que nuevos monstruos sociales usurpan tierras, limpian cristales de coches en los semáforos o deciden casarse con otros monstruos del mismo sexo, despreocupados por el contagio de sangre infectada.

Estas líneas –algo irónicas, algo reales en el topois de ciertos sectores sociales– sirven para anclar los tres macrotópicos que enlaza Barbarie y Civilización: Sangre, monstruos y vampiros durante el segundo gobierno de Rosas, un estudio cultural sobre la historia reciente de la política moderna, y de la Sangre y el Monstruo como entidades semánticas inseparables y recargadas de significados. El trabajo no es una adaptación de la tesis de doctorado del también músico Gabo Ferro, sino algo completamente distinto, a partir de que está construido con otro lenguaje y otra forma: “El fondo documental es el mismo, pero el tratado histórico tiene una normativa distinta al libro, formato al que tuve que ajustar los documentos”.

–Esa reconstrucción es tan clara que lo difícil de Barbarie y Civilización parece ser definirlo. ¿En su estima es más un tratado histórico o un documento político?

–Es un trabajo de divulgación con un objetivo político: narrar y desnarrar nuevamente al Rosismo, por la clausura que se le intentó dar al tema en la década pasada, cuando los figurones del revisionismo dijeron que no había más que decir simplemente porque no aparecería ningún nuevo documento económico. Me llama la atención y, al mismo tiempo no, que una figura central para la discusión de la identidad esté clausurada, más cuando la historia reciente nos da elementos para volver a discutir.

–Interpretantes para seguir entendiendo al Rosas-símbolo…

–A todos los símbolos de la época, sobre todo a la Sangre y al Monstruo. Pensemos en el período femenino y en las chicas con todo tapado, envuelto. Uno no ve más sangre que la propia o la de alguien muy cercano y la reacción por la sangre ya no es de impresión, como en la escuela primaria, donde las chicas se desmayaban. Cuando, desde los ochenta, el que sangra porta VIH, la sangre se recarga de sentido.

–Años antes, la Sangre deja de aparecer pero continúa siendo una metáfora crucial en la historia contemporánea política argentina.

–Sobre fines del siglo XIX, la sangre se empieza a retirar de la historia, de tal manera que la sangre derramada de los sesenta y setenta es pura metáfora que remite a la muerte, pero es sangre no vista por las vías de tortura de las detenciones clandestinas: picana eléctrica, submarino. Por la misma época, las naciones “civilizadas” no se proponen como gesto quitar la pena de muerte, sino incorporar muertes más “civilizadas”: la silla eléctrica o la inyección letal.

–Su trabajo aporta representaciones del Rosas monstruo, de un lado, y de los bárbaros monstruos, por el otro. ¿Cuál es la importancia de la existencia del Monstruo en la construcción de la identidad?

–Nunca desaparece la figura del monstruo. Lo monstruoso tiene una carga erótica importante pero siempre es un “eso”. Lo que veo es que el Monstruo siempre recibe un gesto de su historia propia que lo revitaliza. Tomemos a Drácula: bebedores de sangre existieron siempre, pero en la Ilustración se hacen vampiros; el vampiro queda como un personaje romántico que se rehace con el psicoanálisis, y así nace el Drácula de Bram Stoker; en la década del ’20, esa figura romántica en crisis se transforma con Murnau; y Coppola, en épocas del VIH Sida, todo el tiempo relee a Drácula como una metáfora del contagio.

–Hoy el monstruo se revitaliza en la publicidad, en el que baila mal, la chica petisa o el chico con aparatos. ¿Es su espacio moderno?

–El psicoanálisis y la psiquiatría descubren que todos tenemos un monstruo adentro, de ahí Dr. Jekyll & Mr. Hyde. Esa existencia de lo monstruoso que todos tenemos, como mínimo en síntomas, nos hace amigarnos con lo monstruoso, y de ahí esa empatía de la publicidad.

–Usted mismo, en su libro, recurre a representaciones pictóricas del Rosas monstruo. Las imágenes vienen con una carga semántica fuerte históricamente. Primero desde el arte, ahora en la publicidad.

–En la época de Rosas, la imagen estaba destinada para aquellos que no podían leer, básicamente. Ahora no están los que no pueden, están los que no quieren leer, y el dibujo está destinado a ellos también. La gente lee imágenes, ve la tele. Muchas veces todo lo que no se lee, dentro de un soporte que se lee, es más leído: Liniers, Nik, Crist en La Nación. La inmediatez de la caricatura, tan moderna también, remite a estos tiempos de no lectura, donde es efectivísima. Me llama mucho la atención que no haya caricatura política. Y que se vea tanta tele.

–¿Qué pasa cuando los interpretantes circulan sólo por televisión?

–Ocurre el presunto “casamiento” de Roberto Piazza y Flor de la V. y esto es política de género. Fue muy gracioso ver a todos “se casan, se casan”. Hasta donde yo sé, sólo un hombre y una mujer se pueden casar. Los medios, las instituciones, la directora del Inadi dijeron que iban “al casamiento”, apoyando y no diciendo que eso no era un casamiento. El que mira tele puede creer que el casamiento entre personas del mismo sexo existe y dejar de pelear por eso. Mi calentura va más allá de la pelotudez de la obra social y esos chupetines, es porque hay personas que ven morir a sus compañeros y no tienen derecho a reclamar sus cuerpos. Por eso los medios, las instituciones y los artistas deben tener una actitud responsable. Si hoy enseñan a leer palabras escritas, descuidan el alfabetismo de la imagen.

 

La otra verdad

 

–En Barbarie y Civilización define la función del artista por la relación que debe tener con la verdad, presente más allá de las formas. ¿Usted se fue de Porco porque se sentía despegado de esa Verdad?

–El camino de una banda es: disco, meterte en agencias, contratos con sellos multinacionales, festivales esponsoreados. Cuando vi todo eso, vi que no tenía nada que ver con lo que imagino que es música, dije “entonces no quiero”. No sentía que eso tuviera que ver conmigo, hasta desde la cuestión laboral, donde la música se entiende como el lugar de la independencia. No quise ser un empleado de un sello donde tenés que ir adonde te mandan, te manosean el orden de los temas, la tapa del disco, cuándo sale, quién te saca las fotos. Eso no tiene nada que ver con el ámbito de libertad creativa en el que creo.

–¿Cuál es su modelo de autogestión, entonces?

–Estoy dentro de una cooperativa de la cual soy la cara visible, pero donde están desde mi sonidista hasta los músicos, y no solo acá, la gente que se encarga en Uruguay, mi manager en Europa, donde vuelvo en febrero. Nadie garca a nadie y naturalmente, como consecuencia, la cosa crece, porque nos encargamos de verdad de que el sitio donde tocamos sea seguro y que se escuche bien. Y si tienen que quedar cinco pesos nos quedarán cinco pesos, pero lo vamos a hacer bien.

–Con la suma de voluntades desde la prensa y el público hacia su música, ¿por qué editar un CD-DVD pirata? ¿Qué sentido tiene?

–Ese material tenía que estar editado porque es un documento de este espacio y este tiempo. Tiene una tirada limitada que se va largando de a poquito y si se agota no habrá más. Si se hace dinero va a estar buenísimo, porque con eso el próximo disco se va a hacer mejor o se van a reeditar los viejos, que se siguen vendiendo porque intentamos que los discos salgan muy baratos. Pensamos en el dinero, en la forma que se tiene que pensar, porque si nos morimos de hambre vamos a tener que salir a buscar trabajo y no va a haber más canciones.

–La independencia aparece usualmente argumentada como un Monstruo por oposición, por la negativa: somos así porque nadie nos da lugares, nadie nos invita a tocar, nadie nos graba un disco.

–Se es independiente por convicción o porque no te queda otra. Lo segundo, cuando salen de la independencia, no ponen el logo del sello en la tapa porque les da careta, pero lo primero que dicen es “somos artistas de tal”. ¿Y eso te da orgullo? Nosotros somos felices así, porque la independencia redunda en libertad de producción y discurso. La independencia está vista como el purgatorio, pero los que nos vemos en la independencia y el purgatorio lo pasamos bárbaro acá. No estoy demasiado ateo si digo que esta vida es el paraíso y el infierno.

–La Biblia junto al calefón…

–La Biblia ha sido papel higiénico, seda para fumar. ¿Qué es el libro? ¿Los analles? ¿Es un soporte? ¿Es el texto? Esa discusión yo la llevo al disco. Dentro de los soportes de audio, el vinilo es el más completo como obra, el soporte más acabado, con mayor lugar para todo. Paradójicamente, en la época en la que explota el diseño gráfico, para la música ya no sería necesario porque desaparece el formato físico. Todo tiene que ser repensado, por eso se habla de refundación del rock. Lejos de ponerme contento que el rock esté en pie de igualdad con otros géneros, añoro esas épocas donde no lo estaba.

–¿Eso lo perjudica como espacio de resistencia?

–Poner al rock en pie de igualdad lo llevó a homogeneizarse con otros géneros de una manera populista más que popular, demagógica en vez de democrática, a amonstruizarse. El rock, al igual que la metáfora sangre, se fue vaciando de sentido y hay que recargarlo.

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