Reseña a El lapsus del jinete ciego por Pedro Squillaci para diario La Capital (Rosario)
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Tocar ante un teatro vacío es la metáfora más luminosa que puede ofrecer Gabo Ferro. El compositor, que además de poeta es historiador y docente universitario, decidió que su primer disco para una multinacional tan poderosa como Sony sea grabado a solas en un teatro sin público. Más allá del desafío estético y sonoro de ese encuentro minimalista con sus musas y su arte, este gesto de Gabo Ferro tiene que ver con su esencia. Porque lo suyo fue siempre un salto al vacío. Y así llegó, de a poco, sin resignar un ápice de su propuesta, a que pongan el foco en su obra. Claro que tuvo que esperar a que su voz sonara como cortina en una telenovela como “La leona” para que muchos se pregunten “¿quién es el tipo que canta ese tema?”. La canción en cuestión era “Lo que te da terror” y después fue “La silla de pensar”, el primer corte de “El lapsus del jinete ciego”. Alguna vez un tal Kevin Johansen también necesitó de la ayudita de “Resistiré” (también de Telefe y con Pablo Echarri de protagonista) para que su “Down With My Baby” se haga masivo. Sería una alegría que Gabo Ferro pueda llenar teatros como lo hace hoy Kevin Johansen. Gabo es el típico artista inclasificable, que es incómodo para escuchar, que puede sorprender con agudos altísimos al borde de la desafinación, que puede ser tan amado por unos como rechazado por otros. Pero eso también lo hace diferente, porque detrás o delante de cada canción hay un vuelo poético que también es un gesto ideológico. Es el salto al vacío que conmueve y llena.

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