ENTREVISTA: GABO FERRO

El mito del eterno retorno

En los ’90 estuvo al frente de Porco. Ahora, volvió con un conmovedor debut como solista.

Txt. José Bellas.

El silencio de Gabo Ferro duró unos 7 años. Durante todo ese tiempo, el ex cantante de Porco sintió que ya había terminado su relación con la música. “Salí corriendo de la música. Espantado. ¡Despavorido! Yo entendía que ésa era la única forma de hacer música y me había desilusionado”, cuenta ahora este vecino de una zona donde Mataderos se funde con Floresta (o viceversa). “Esa” forma de hacer música a la que se refiere tiene que ver con la banda en la que cantaba (Porco) y una forma de rock saturado y no por ello poco interesante. Porco cargó con el sanbenito de ser la banda más hardcore de los ’90. “Hardcore” no por una convención sonora sino por un acercamiento del tipo triple X en sus enunciados. “El proyecto era encarnar decadencia y estar confundido. Pero el confundido terminé siendo yo”, lanza la parábola Gabo. Entonces vendió su guitarra y durante 7 años se dedicó a estudiar con la constancia de un Forrest Gump y conseguir premios varios con sus tesis y ensayos sobre historia (ahora, su tesis de maestría acaba de obtener la mención honorífica del Fondo Nacional de las Artes). “Era un retiro que creía definitivo, hasta que un amigo hizo una observación que me mató: ‘Cuando a un músico no le gusta lo que hace busca a otros músicos, pero no abandona la música'”.

Según relata Gabo, también le debe parte de este regreso del exilio a “una invitación muy amorosa que me hizo Ariel Minimal”. Primero, para compartir escenario junto a Flopa. Después, dándole el espaldarazo y editando por su sello (Azione Artigianale) este gran debut solista titulado Canciones que un hombre no debería cantar, que Gabo cuenta haber compuesto en apenas dos semanas sin ningún atisbo de falsa modestia. “No es que sea un dotado o un genio: es algo que tiene que ver con la voluntad de hacer las cosas”.

—En el disco hay como una veta folclórica. ¿Que relación tenés con el género?

—Hay una negación del folclore que tiene que ver con que los gobiernos dictatoriales lo suelen meter de prepo. Mi acercamiento es intuitivo y me gustan Eduardo Falú y Liliana Herrero.

—También hay un eco de los primeros solistas del rock argentino, como Litto Nebbia y Miguel Abuelo. ¿Es casual?

—Recién escuché a Miguel Abuelo cuando me hicieron la relación. Y me sentí muy halagado. Realmente hay una intención de hacer las cosas como se hacían en los ’60 y los ’70: esa suerte de empuje sin premios a la vista.

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